La literatura que llegó hasta nosotros en las tablillas de arcilla de Sumeria expresa el más alto nivel de valores morales en la mejor forma literaria, codificada en algunos casos con símbolos que permiten el escritor prescindir de decenas de frases. Además, la elevada sabiduría que contiene esta literatura, tristes y dolorosas situaciones que tocan la conciencia humana y hacen al lector compadecerse con aquellas personalidades ejemplares y sabios portadores de una moral superior que sufren heridas y asesinato por cumplir propósitos nobles, como: Gilgamesh y Dumuzi. Aún más, describe los lamentos y el llanto de los que no habían auxiliado a estas personalidades porque representaban causas justas y habían sido oprimidos.

Aunque los sumerios los retratan como a dioses sin embargo cuando se lee la vida de estas personalidades en las tablillas de arcilla sumerias se sabe que son del género humano, pues comen, beben, duermen, se casan y tienen hijos. Está claro que era simplemente un proceso de distorsión de la religión divina y aquellos dioses no eran sino un grupo oculto de representaciones de los profetas, los justos, los ángeles y también de uno mismo y del mundo, pues la cuestión de la exageración y la distorsión en la religión ha sido constante desde que Dios creó a Adán. Puede ser que en algunos casos “dios” no se refiera al Dios absoluto, sino a todo lo que puede ser deificado. Ya he explicado en el “Libro del Monoteísmo” el significado de “divinidad” y “señorío”, que son términos que pueden aplicarse a la creación de origen.[1]

“Este mito ilustra vívidamente el carácter antropomórfico de los dioses sumerios. Hasta el más poderoso y sabio de ellos fue referido como humano en forma, pensamiento y obra. Como el hombre, planeaban y actuaban, comían y bebían, se casaban y formaban familias, sostenían grandes hogares y eran adictos a pasiones y debilidades humanas. En general tenían preferencia por la verdad y la justicia antes que, por la falsedad y la opresión, pero sus motivos no eran de ninguna manera claros, y el hombre a menudo falla al intentar entenderlos”.[2]

Cuando leemos las tablillas de arcilla de Sumeria encontramos que los sumerios en su literatura estaban buscando al salvador de la especie humana de su animalidad. Algunas de estas personalidades divinas fueron descriptas como el salvador redentor esperado y como símbolo humano de justicia, cuya aparición esperaban los sumerios. Entonces, ¡¿cómo puede explicarse la publicación de estas epopeyas literarias intelectuales de repente sin decir que haya ocurrido un salto civilizador enorme?! ¡¿Cómo puede imaginar una persona razonable que el “Homo sapiens” alcanzado este nivel intelectual sofisticado e ideal, sin la presencia de algo nuevo que haya entrado a la ecuación y cambiado todo de esta manera apareciendo de repente en la Mesopotamia?!

“La producción literaria de la civilización mesopotámica es en particular consecuente en la historia de la literatura humana porque para nosotros representa el primer intento de un ser humano por expresar la vida, sus valores y su significado utilizando la ficción y el arte. Aunque este fue el primer intento en la historia de la evolución humana, lo más destacado que encontró el investigador de la literatura mesopotámica es que, aunque es sumamente antigua y precede a toda la literatura mundial, tiene los atributos fundamentales que distinguen a la literatura mundial reconocida. Esta es la cuestión desde el punto de vista de estilo y método de expresión, así como desde el punto de vista de contenido, imaginación e imaginería artística”.[3]

Los sumerios se consideraban los herederos de la civilización, de la literatura, de la moral y de los altos valores que les precedieron. De hecho, añoraban los días pasados, como claramente se ve en la Epopeya de Enmerkar y la Tierra de Aratta.


 

[1] “Divinidad: la divinidad en un sentido general, incluye al Completo, al que las criaturas deifican para alcanzar su perfección y enmendar su imperfección. Es similar al señorío porque incluye al padre, considerado el Señor de la familia, e incluye al Califa de Dios en su Tierra, considerado Señor de la Tierra, {Y se ha iluminado la Tierra por la luz de su Señor}. De As-Sadiq (con él sea la paz) que dijo sobre esta aleya: [el Señor de la Tierra es el Imam de la Tierra, le dijeron: ¿y si sale qué será? Dijo: los hombres prescindirán de la luz del sol y de la luz de la luna por su luz, y se contentarán con la luz del Imam, con él sea la paz]. El señorío incluye en este mundo físico: a quien cubre las necesidades de otra persona, pues para él se trata de un criador, porque cubre sus faltas —y satisface sus necesidades— en este mundo físico. Por esto encontramos que José (con él sea la paz) que es un profeta en el Sagrado Corán, se refiere al Faraón en relación con el escanciador de vino, como a “su señor”. {Y dijo al que pensaba ser salvado de los dos: Recuérdame junto a tu señor. Y le hizo olvidar el demonio recordárselo a su señor, así quedó en la prisión varios años}. Además José, se refiere al soberano de Egipto que veló por la vida de José y le cuidó, como a “mi señor”, {Y trató de seducirlo aquella, de la cual él estaba en su casa, de su alma. Y cerró las puertas y dijo, Ven, tú. Él dijo: Sea refugio Dios. Ciertamente él es mi Señor, me ha dado alojamiento. Ciertamente, no triunfan los injustos}. El que le había dado alojamiento según lo aparente en este mundo físico, fue el soberano de Egipto, {Y dijo el que lo compró de Egipto a su mujer, Agasájalo, quizás nos beneficie o lo adoptemos como hijo. Y así dimos un lugar a José en la Tierra y para enseñarle la interpretación de los sucesos. Y Dios es un Vencedor en su asunto, pero la mayoría de los hombres no saben}. DIvinidad, de esta manera, incluye lo demás que es deificado para enmendar la imperfección y la necesidad existente en su escenario, pues el nombre de Allah (Dios) se deriva de ilaha (divinizar)…” del “Libro de Monoteísmo”, para más detalles puede ver el libro “Ahmed Alhasan: Libro de Monoteísmo – Interpretación de Sura Al-Fatiha), primera edición – 1431 H, 2010.

[2] Fuente: “Kramer – La historia empieza en Sumeria”.

[3] Fuente: “Taha Baqir – La epopeya de Gilgamesh”.

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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