Los relatos sumerios, acadios y babilonios de la Mesopotamia con la religión son enormes, talvez sea mayor que los relatos religiosos transmitidos por la historia antigua. Además son los más antiguos de la historia humana. Son relatos con un gran número de dioses, e incluso la religión sumeria contiene al símbolo justo y salvador de la especie humana de su animalidad, el símbolo del cual prácticamente ninguna religión está libre.

Quien crea que la religión sumeria es una especie atrasada de las religiones primitivas  debido a la cantidad de dioses debería reconsiderarlo e investigar con más precisión; porque la religión sumeria no se diferencia de las religiones que vinieron después de ella, ni hablar de que las religiones humanas posteriores a ella fueron construidas sobre las bases de la religión sumeria. En cuanto a los numerosos “dioses” como a veces los llaman los sumerios, pues los encontramos en los relatos y las epopeyas de las tablillas de arcilla sumerias descriptos como humanos o reyes sabios, pues se casaban, procreaban, mataban, oprimían y la gente lloraba por ellos, o sólo eran un símbolo. Así que no es difícil entender que la señora de los dioses, Ishtar, sea el mismo mundo, cuando la encontramos lamentándose por los ahogados en el diluvio de Noé (Utnapishtim):

“Las diosas gritaban como mujeres de parto, Gimió Belet-ili, cuya voz es tan dulce: “Los tiempos de antaño se han convertido en arcilla, porque hablé con maldad en la asamblea de los dioses. ¿Cómo pude hablar con maldad en la asamblea de los dioses, y declarar una guerra para destruir a mi pueblo?»” Yo fui quien las dio a luz, esas personas son mías. Y ahora, como peces, llenan el océano”.[1]

Quien examine el relato de la religión sumeria talvez se encuentre leyendo un relato de la religión completamente simbólico. Encontrará un relato de las tres religiones y el Redentor, o Salvador, o Mahdi. Encontrará que los dioses sumerios no son sino personas y símbolos de toda cosa que pueda ser deificada con verdad o falsedad, como los profetas, los califas justos de Dios de la descendencia de Adán (con él sea la paz), o como el mundo, el yo y el grupo.

Ahora, tenemos derecho a decir: que no hay nadie racional que diga que toda esta avanzada producción que claramente apareció en la página de la historia hace miles de años haya venido de la nada, o que haya evolucionado de una cultura atrasada y primitiva, cuando no existe ninguna huella subsecuente de la supuesta evolución cultural, especialmente después de que los mismos postulados sumerios han refutado cualquier argumento construido sobre la ilusión, sin basarse en ninguna evidencia que sugiera que la cultura, la civilización y el comportamiento avanzados de los sumerios, hayan evolucionado de pueblos primitivos.

Ahora, tenemos derecho a preguntar: ¿no indica esta producción, que esta entidad que la produjo o la trajo, se caracteriza por estar organizada, y que por consiguiente, su causante se caracteriza por ser organizador y sabio? Y con esto se demuestra la existencia de Dios. Creo que cualquier persona racional que no se incline a la terquedad y la testarudez dirá: sí.

Por último: este texto muestra que la cultura sumerio-babilónica no es sino una herencia de la cultura y la civilización humana más antigua, talvez más desarrollada moral y conductualmente que la civilización sumeria que llegó a nosotros según las tablillas de arcilla sumerias. En la Epopeya de Enmerkar y la Tierra de Aratta dice:

“En otro tiempo hubo una época en que los países de Shubur y de Hamazi, Sumer donde se hablan tantas (?) lenguas, el gran país de las leyes divinas de principado, Uri, el país provisto de todo lo necesario, El país de Martu, que descansaba en la seguridad, El universo entero, los pueblos al unísono (?) Rendían homenaje a Enlil en una sola lengua. Pero entonces, el Padre-señor, el Padre-príncipe, el Padre-rey, el Padre… continúa una pequeña charla intermitente y luego cinco líneas perforadas de la epopeya”.[2]

Y este texto no es el único texto que muestra la opinión sumeria de su civilización, su cultura y su ciencia. Muchos investigadores especialistas en los sumerios o en la historia antigua de la Mesopotamia han notado que estos pueblos, que según nosotros se considera que representan la civilización terrestre más antigua, se consideran a sí mismos herederos de una civilización. Incluso consideran que el origen de esta civilización, cultura y ciencia es celestial divino.

Charles Virolleaud dice:[3]

“Según la opinión de los babilonios, los humanos no alcanzaron lo que los distingue de los animales: labrar la tierra y construir ciudades gracias a la investigación, las excavaciones, las experiencias y varios esfuerzos o interacciones. En realidad, ellos recibieron todo el conocimiento de una vez de los dioses”.[4]

Han llegado hasta nosotros sus manuscritos, de que su civilización, su cultura y su ciencia habían sido heredadas de quienes les precedieron. Sobre aquellos predecesores dicen: que eran más éticos y más sabios. Y encima de todo esto, nos presentan el relato completo cerrando la puerta a las disciplinas ateas, pues muestran que el origen de esta ciencia, cultura y civilización es el cielo y la divinidad. Entonces, ¿cómo esperan los ateos que una persona razonable que respeta su intelecto arroje todos estos hechos científicos tras de sí y vaya jadeando tras su espejismo que no lleva a ningún hecho científico? No son sino meras ilusiones construidas sobre deseos solamente y un rechazo obstinado a hechos científicos establecidos y demostrados completamente inequívocos; porque son manuscritos de nuestros antepasados de la tierra de Sumeria y Acadia, que son la cuna de la humanidad y la cuna de la civilización humana también. Así pues, si se demuestra que esta característica del ser humano (el pensamiento y la consciencia a este nivel) ocurrió en un período determinado de repente entonces significa que hay un causante sabio que es el que la produjo.


[1] Fuente: “Taha Baqir – La epopeya de Gilgamesh”

[2] Fuente: “Kramer – La historia empieza en Sumeria”.

[3] Charles Virolleaud (1879 – 1968) fue profesor francés y catedrático en la universidad de la Sorbona de París. Investigador especializado en estudios semitas, sumerios e iraníes.

[4] Fuente: “Virolleaud – Leyendas de Babilonia y Canaán”.

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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