La realidad es que cualquiera que esté familiarizado con la Torá, el Evangelio, el Corán y con lo que comprenden las tablillas de arcilla sumerias sin duda concluirá en una de dos cosas, inevitablemente en una de dos cosas:

La primera: que el origen de la religión es de autoría del hombre sumerio, y que la Torá, el Evangelio y el Corán no son sino un proceso de rumia de la religión sumeria (la creación del primer ser humano, Adán, la historia de Abel y Caín, la historia del Diluvio, la Condenación, la vida después de la muerte, el Paraíso, el Fuego… etc.)

La segunda: que la religión sumeria es la misma que la religión de Adán y la religión de Noé (con ambos sea la paz), pero que fue transmitida y luego grabada de forma distorsionada, y que los sumerios o acadios (babilonios y asirios) creían en ella en su forma distorsionada. Esto es lo que quiero aclarar mostrando que los relatos sumerios no son sino noticias imprevisibles traídas por Adán a la Tierra. Son historias de sus hijos justos (con ellos sea la paz) y de lo que ocurrirá con ellos, especialmente con quienes representan importantes símbolos en el camino de la religión, por ejemplo, Dumuzi (el hijo fiel) o Gilgamesh.

El Dr. Samuel Kramer se dio cuenta de la enorme similitud entre lo que fue reunido en la Torá y las tablillas sumerias, por lo cual incluyó capítulos en su libro que los que indica la semejanza entre las tablillas de arcilla sumerias y la Torá, por ejemplo:

“Capítulo XIX ‘PARAÍSO’ LOS PRIMEROS «PARALELOS» CON LA BIBLIA”[1]

“EL MATRIMONIO SAGRADO Y EL CANTAR DE LOS CANTARES DE SALOMÓN”[2]

Los sumerios conocían y realizaban al detalle cuestiones de la religión divina, como la creencia en las visiones como palabras de Dios y en la mediación, y la creencia en que Dios pues hablar al ser humano en todo lo que a este acontezca.

Y Charles dice —en Leyendas de Babilonia:

“Sabemos que la humanidad ha sido creada para servir a los dioses, y que los dioses la castigan por las más ligeras equivocaciones. Por lo tanto, deben obedecer los deseos de los cielos con precisión y hacer como ellos dicen. ¿De qué otra manera conservarían esta armonía y evitarían la ira de los dioses? Si veían sueños con los dioses inspirándoles lo que estos deseaban, ¿cómo los interpretarían de una forma que complazca a los dioses, o sea, si hay sueños? ¿Qué pasaría si no hubiera sueños?

La respuesta es que recurrirían a oráculos y a indicadores naturales, ya que estos les guiarían hacia la verdad. Por lo tanto, debe ponerse una total atención, no sólo a los cambios de la luna, sino también a la forma de las nubes. En efecto, cada movimiento de lo que se arrastra en la hierba e incluso de los planetas de la galaxia son un indicador de la voluntad de los dioses, sean buenas o malas. Es aquí donde el arte o la ciencia se destacan y distinguen si la voluntad es buena o mala.

Los magos deben intervenir, ya sea para apresurar la buena suerte o para alejar la fuerza hostil que amenaza la vida. Esto no se refiere a la vida de los individuos o el pueblo, sino a la vida del rey que controlaba el destino de toda la nación.

Este rey, a quien los dioses dieron conocimiento era, como fue mencionado previamente, el séptimo rey del estado antediluviano. Por lo tanto, según el orden hereditario, coincide con Enoc [Idris] que ocupa el séptimo rango del linaje de Adán, la cadena de los patriarcas antes del Diluvio. Es de destacar que sus nombres no tienen nada en común, aunque sus acciones son exactamente las mismas. Como una cuestión de hecho, el texto bíblico con respecto al séptimo patriarca (Enoc), es muy breve: Y Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó. [Génesis 5:24]. Enoc se convirtió en el héroe de una serie de leyendas que lo hicieron el inventor de la escritura, el autor del primer libro y el creador de la ciencia de los planetas y las estrellas, la astronomía y la aeronomía. Parece como si fuera Evedoranki. Podemos asumir con seguridad que esta leyenda de los judíos no es nada más que un desarrollo o expansión de la antigua leyenda caldea.

Los demás reyes y patriarcas, los seis antepasados de Enoc y sus tres califas tenían cualidades en común. La única personalidad que nos concierne es la décima persona que vivió atravesando el Diluvio”.[3]

Los relatos de los sumerios hablan claramente —como las demás religiones divinas— sobre la vida después de la muerte, y que los buenos y los justos van al Paraíso y los malvados a la Gehena.

“Estas personas tenían la certeza de que vivirían después de la muerte, que vivirían en oscuridad y sin recompensa, a menos que tomaran el buen camino en este mundo, es decir, mediante la rectitud. Un ejemplo de esto es lo que le ocurrió a Utnapishtim (Noé a.), o aplicando la ley a la gente, como hizo Hammurabi”.[4]


[1] Fuente: “Kramer – La historia empieza en Sumeria”, pág. 114.

[2] Fuente: “Kramer – Inanna y Dumuzi. El matrimonio sagrado en la antigua Sumer”.

[3] Fuente: “Virolleaud – Leyendas de Babilonia y Canaán”, pág. 28.

[4] Fuente: “Virolleaud – Leyendas de Babilonia y Canaán”, pág. 38.

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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