Hay pruebas que señalan que los relatos sumerios no son sino relatos de noticias imprevisibles de historias verdaderas que habrían de ocurrir después de los sumerios durante el curso de la religión divina.

Cualquiera que lea las tablillas de arcilla sumerias verá que hablan de profetas y mensajeros que habrían de venir en un tiempo posterior, como la que menciona la historia del profeta Job (con él sea la paz), antes de que llegara Job (con él sea la paz) y se registrara la historia de Job (con él sea la paz) en la Torá y en el Corán.

“Así, pues, más de mil años antes de que fuese compuesto el libro de Job, un texto sumerio anunciaba los acentos que la Biblia luego amplificaría y popularizaría”[1].

Este es un extracto de la historia de Job como está grabada en las tablillas de arcilla sumerias, mucho tiempo antes de que naciera Job.

“Yo, el sabio, ¿por qué me hallo ligado a jóvenes ignorantes?

Yo, el ilustrado, ¿por qué soy tenido entre la legión de los ignorantes?

El alimento está en todas partes, y, no obstante, mi alimento es el hambre.

El día cuyas partes han sido atribuidas a todos, ha reservado para mí la del sufrimiento.

Dios mío, yo permaneceré ante Ti

Y Te diré…, mi palabra es un gemido,

Te hablaré de esto, y me lamentaré de la amargura de mi camino,

Deploraré la confusión de…

¡Ah! No permitas que la madre que me dio a luz interrumpa su lamentación por mí ante Ti.

¡No permitas que mi hermana emita un alegre cántico,

Que explique, llorando, mis desdichas ante Ti,

¡Que mi esposa exprese con dolor mis sufrimientos!

¡Que el sochantre deplore su amargo destino!…

Las lágrimas, la tristeza, la angustia y la desesperación se han alojado en el fondo de mí.

Se me engulle el sufrimiento como un ser escogido únicamente para las lágrimas, …

La fiebre maligna baña mi cuerpo…

Dios mío, oh, Tú, padre que me has engendrado, levanta mi rostro…

¿Cuánto tiempo me abandonarás, me dejarás sin protección?…

¿Cuánto tiempo me dejarás sin gobierno?

Dicen, los sabios valientes, que la palabra virtuosa es sin ambages;

«Jamás niño sin pecado salió de mujer,

…Jamás existió un adolescente inocente desde los más remotos tiempos…»”

El hombre — su dios prestó oídos a sus amargas lágrimas y a su llanto;

El joven — sus quejas y lamentos ablandaron el corazón de su dios…

El demonio-enfermedad envolvente, que había desplegado todas sus grandes alas, él lo rechazó;

El mal que le había herido como un…, él lo disipó;

La mala suerte que para él había sido decretada según su decisión, él la desvió.

Él transformó en gozo los sufrimientos del hombre, …”[2]


 

[1] Fuente: “Kramer – La historia empieza en Sumeria”.

[2] Fuente: “Kramer – La historia empieza en Sumeria”.

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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