Gilgamesh comenzó su viaje a su abuelo Noé (Utnapishtim) con lo cual buscaba la inmortalidad.

La inmortalidad del espíritu y no la inmortalidad del cuerpo, pues desde el principio Gilgamesh sabe que el cuerpo no tiene inmortalidad, pues dijo:

«Solo allí viven los dioses (los justos) para siempre en la luz del sol. En cuanto a ese hombre, [sus días] están contados, haga lo que haga, no es más que viento».

Su abuelo Noé estaba muerto hacía mucho tiempo y él sabía esto muy bien.

Así que fue un viaje al otro mundo.

En este viaje, Gilgamesh aplasta a su “ego” y alcanza la inmortalidad que viajaba buscando. Alcanza lo que deseaba en el mismo viaje incluso antes de llegar a su abuelo Noé (Utnapishtim):

«Cuanto te hayas ido [mis cabellos estarán apelmazados por el duelo,] cubierto con una piel [de león] andaré errante por la estepa».[1]

Gilgamesh entra al mundo de la realidad y ve las cosas como son en su viaje a lo de su abuelo Utnapishtim “Noé (con él sea la paz)”:

«Llegó a las montañas gemelas de Mashu,

que guardan cada día al [sol,] naciente

cuyas cumbres [soportan] el tejido del cielo,

cuyo pie desciende hasta el inframundo.

Custodiaban su entrada hombres-escorpiones,

cuyo terror era temor, cuya mirada era muerte,

cuyo fulgor era aterrador, abrumando las montañas;

al alba y al ocaso custodiaban el sol.

Gilgamesh los vio, se cubrió el rostro con miedo y temor,

después se recuperó y se acercó a su presencia.

El hombre-escorpión llamó a su compañera:

“El que ha llegado hasta nosotros, carne de los dioses es su cuerpo”.

La compañera del hombre-escorpión le respondió:

“En él hay dos tercios de dios, y un tercio humano”.

El hombre-escorpión llamó,

diciendo una palabra [al rey Gilgamesh,] carne de los dioses:

“¿[Cómo has llegado hasta aquí,] después de tan largo viaje?

¿[Cómo llegaste hasta aquí,] para estar en mi presencia?

[¿Cómo has cruzado los mares,] cuya travesía es peligrosa?

…… quiero saber acerca de tu [viaje].

…… donde se ha vuelto tu [rostro,]

…… quiero saber [acerca de tu viaje]”.

Gilgamesh, respondió:

“[Busco] el [camino] que lleva a mi antepasado, Uta-napishti (Noé),

que asistió a la asamblea de los dioses y [encontró la vida eterna:]

de la muerte y la vida [me dirá el secreto]”.

El hombre-escorpión abrió su boca [para hablar,]

diciendo a [Gilgamesh:]

“Nunca [hasta ahora,] oh Gilgamesh, hubo [nadie como tú,]

nunca nadie [recorrió el camino] de la montaña.

Durante doce dobles horas su interior [se extiende,] la oscuridad es densa, y [luz] no hay.

Para la salida del sol………,

para la puesta del sol………

Para la puesta del………,

enviaron………

Y tú, ¿cómo harás……?

¿Irás en………?”

“Por el dolor………

Por la escarcha y por el sol [mi rostro se ha quemado].

Por el agotamiento………

Ahora tú………”

El hombre-escorpión [abrió su boca para hablar,]

[diciendo una palabra] al rey Gilgamesh, [carne de los dioses:]

“Ve, Gilgamesh, ………

Que las montañas de Mashu [permitan tu paso].

[Que] las montañas y las colinas [velen por tu camino].

Que [ellas te ayuden] con seguridad [a continuar tu viaje].

[Que] la puerta de las montañas [se abra ante ti]”».[2]

El viaje de Gilgamesh continúa y se encuentra con la tabernera. Es como si ella fuera un símbolo de embriaguez de la gente por amor a la vida mundanal y al yo. La tabernera lo invita a la vida mundanal, a preocuparse por sí mismo y a abandonar este viaje agotador en busca de la inmortalidad:

«La tabernera respondió así a Gilgamesh:

“Gilgamesh, ¿por qué vagas de un lado para otro?

La Vida que persigues no la encontrarás jamás.

Cuando los dioses crearon a los hombres,

asignaron la muerte a los hombres,

y la vida la guardaron para ellos.

En cuanto a ti, Gilgamesh, llena tu vientre,

vive alegre día y noche,

disfruta cada día,

danza y canta, día y noche,

que tus vestidos sean inmaculados,

lávate la cabeza, báñate,

atiende al niño que te toma de la mano,

deleita a tu mujer, abrazada contra ti

Ésa es la única perspectiva de [los mortales,]

del que vive………”

[Dijo] Gilgamesh a ella, [a la esposa-ale:]…

“…Tabernera, puesto que habitas en la orilla del mar,

tú conoces el interior de todos los secretos

¡Muéstrame el camino, ponme en la ruta!

Si es posible, atravesaré el mar”

Gilgamesh dijo a la tabernera:

«Ahora, Ur-shanabi, ¿dónde [está el camino que lleva hasta Uta-napishti?]

¿Cuál es su señal? ¡Dime!

¡Dame [su señal!]

Si se puede hacer, cruzaré el océano,

si no se puede hacer, [andaré errante por la estepa]”».[3]

Es como si el significado de estas últimas palabras de Gilgamesh ya hubiera sido citado por Moisés (con él sea la paz) en el Corán, pues dijo: {Y cuando dijo Moisés a su muchacho, No desistiré hasta alcanzar la unión de los dos mares, o seguiré una eternidad}[4]

El viaje de Gilgamesh continúa hasta llegar a su abuelo Utnapishtim “Noé (con él sea la paz)”. Su abuelo le narra la historia del Diluvio y Gilgamesh conoce de su abuelo el secreto de la vida:

«Utnapishtim dijo,

“No hay permanencia.

¿Construimos una casa para siempre?

¿Sellamos (contratos) para siempre?

¿Los hermanos dividen porciones para siempre?

¿Acaso el río siempre crece (y) causa inundaciones?

La libélula [abandona] (su) vaina

Para que su cara (no) pueda mirar (sino) la cara del sol.

Desde los días de antaño no hubo [permanencia];

¡Los que descansan y los muertos qué iguales [son]!

¿No componen la misma imagen de la muerte

El plebeyo y el noble

Cuando se hallan próximos a [su destino]?”»[5]

Las epopeyas, las historias y los poemas sumerios demuestran que la historia de la religión divina con los sumerios estaba completa con todas sus partes, sus personalidades y sus símbolos, antes de las religiones judía, cristiana e islámica. Pues encontramos en las tablillas de arcilla sumerias al dios verdadero y único que domina todas las cosas, y encontramos junto a ellos las creencias, los valores morales, las leyes sagradas, la adoración y sus métodos, y la manera de triunfar sobre el demonio, sobre la vida mundanal, sobre el yo y el amor propio.

Por lo tanto, se trata de toda la religión, de la a hasta la z, según los sumerios.

¿Entonces de dónde les llegó?

¿De dónde les vino este sistema complejo que apareció completo de repente en la historia de la Mesopotamia?

La realidad manifiesta como el sol que toda persona razonable ve es que hay un salto cultural y civilizador que nos manifiesta la cultura y la civilización sumerias. Quien quiera negarlo —después de todo lo presentado— es asunto suyo. En general, se han planteado tesis y teorías para explicar este salto cultural como se ha explicado, ¡¡y si éste no hubiera sido de este modo habría hecho falta formular la teoría de seres viniendo del espacio!!

Y es sorprendente que alguien acepte que la causa de la evolución humana fuera la llegada de seres extraterrestres con sus naves y capacidades de las cuales no vemos ningún rastro sobre la Tierra como para justificar este salto cultural, y que no acepte que el alma de Adán fue soplada en el cuerpo o comunicada con él, evolucionando y alcanzando un nivel superior en la creación, una organización y una capacidad de pensamiento y consciencia.


[1] Fuente: “Taha Baqir – La epopeya de Gilgamesh”.

[2] Fuente: “Taha Baqir – La epopeya de Gilgamesh”.

[3] Fuente: “Taha Baqir – La epopeya de Gilgamesh”.

[4] Sagrado Corán – Sura “Al-Kahf” (La caverna): 60.

[5] Fuente: “Taha Baqir – La epopeya de Gilgamesh”.

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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