En la física de Newton o física clásica, las cosas se determinan con exactitud. No existe probabilidad, indeterminación o incertidumbre. Por esto podemos determinar con exactitud la velocidad y la ubicación de los objetos. Esto permitió a Laplace ir con la mecánica cuántica de Newton lo más lejos posible. Así pues, Laplace elaboró su doctrina determinista, según la cual, si conocemos la velocidad o la cantidad de movimiento, y las posiciones de cada partícula del universo en un momento determinado, podremos determinar su velocidad y su posición en cada momento, del pasado y del futuro. Es decir que podemos conocer el futuro y esto se llama determinismo. Está claro que no queda espacio para lo oculto o para un dios que intervenga y cambie las cosas, pues éstas están determinadas y ninguna tiene intervención. Ni siquiera queda espacio para la voluntad humana, pues las cosas avanzan hacia finales predeterminados y preestablecidos.

«El éxito de las leyes de Newton y de otras teorías físicas condujo a la idea del determinismo científico, que fue expresada por primera vez a comienzos del siglo XIX por un científico francés, el marqués de Laplace. Laplace sugirió que, si conociéramos las posiciones y las velocidades de todas las partículas del universo en un instante, las leyes de la física nos deberían permitir la predicción de cuál será el estado del universo en cualquier otro instante del pasado o del futuro».[1]

No obstante, en la mecánica cuántica que domina hoy la física, no podemos conocer la velocidad y la posición de una sola partícula con exactitud, por no hablar ya de todas las partículas, pues las cosas se han vuelto completamente diferentes. La partícula puede estar en cualquier sitio que se espere que esté y su velocidad puede ser cualquier velocidad que se espera que tenga; ya no hay determinismo completo en la mecánica cuántica, o sea, ya no hay ninguna posibilidad de conocer el futuro con exactitud; porque hay más de una posibilidad. Lo que queda del determinismo en la mecánica cuántica es lo que brinda la evolución de la función de onda.

De esta manera podemos decir: que la mecánica cuántica, que fue utilizada por los dueños de la frase “un universo de la nada” para negar la existencia de un dios, se ha convertido también en una puerta para demostrar el libre albedrío del ser humano y que el ser humano puede tener una intervención en la construcción de su futuro, pues el ser humano no está forzado ni subyugado a comportarse del modo que el determinismo universal ineludible diseñara para él. E incluso más, pues el ser humano puede afectar a los acontecimientos que le rodean y se realizan por su observación, es más, talvez el ser humano afecte al universo, pues el universo en conjunto es un sistema cuántico y el ser humano realiza su observación.

En la mecánica cuántica queda algo del determinismo brindado por la evolución de la función de onda, pues las probabilidades que ofrece la función de onda evolucionan de manera determinista, es decir, que el determinismo clásico ya no existe, pero su lugar ha sido ocupado por una mezcla que talvez podamos llamar determinismo parcial.

«Como Max Born había enfatizado, durante los tiempos entre mediciones los valores de la función de onda evolucionan de una manera perfectamente continua y determinista, dictada por alguna versión generalizada de la ecuación de Schrödinger. Mientras esto sucede, no se puede decir que el sistema tenga una configuración definida».[2]

Es cierto que el determinismo, como en la física de Newton, ya no existe después de la mecánica cuántica, aunque la mayoría de las personas no conocen en su vida diaria sino la física de Newton y su determinismo. Pero, ¡¿acaso, después de la mecánica cuántica, se puede decir que lo que conocen las personas es la realidad?!

Por lo tanto, tenemos más de una posibilidad para el futuro y no podemos definir a ninguna de ellas como inevitable, {Borra Dios lo que quiere y confirma, y junto a Él está la madre del libro}.[3]

Pero estas posibilidades están gobernadas por la evolución determinista de la función de onda y por medio de la observación identificamos a una de ellas como la realidad que hemos conseguido.

“No es predestinación ni facultad, sino algo intermedio”.[4]


[1] Fuente: “Hawking – El universo en una cáscara de nuez”, pág. 41.

[2] Fuente: “Weinberg – El sueño de una teoría final”, pág. 75.

[3] Sagrado Corán – Sura “Ar-Ra’d (El trueno)”: 39.

[4] De Abu Abdullah As-Sadiq (con él sea la paz), que dijo: “No es predestinación ni facultad, sino algo intermedio” [Al-Kafi: vol. 1, pág. 160].

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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