El universo con sus cúmulos galácticos, sus galaxias, sus estrellas, sus planetas y sus escombros está compuesto de elementos químicos que representan la materia que conocemos. Estos elementos en su mayoría son conocidos por todo aquel que haya estudiado los principios de la química y están ordenados en la tabla periódica desde el más liviano de los elementos, el hidrógeno, hasta los elementos pesados y radiactivos como el uranio y el radio.

Como resultado de la observación y el estudio del universo se sabe que el elemento más abundante en el universo es el hidrógeno. Con respecto a otros elementos más pesados podemos decir que el hidrógeno es prácticamente igual al número de bacterias con respecto a otros organismos más complejos de la vida terrestre.

Si además de lo anterior sabemos que las ardientes estrellas no producen hidrógeno, sino que el hidrógeno es el combustible que consumen para producir otros elementos más pesados, entonces vemos que esta cantidad de hidrógeno que representa la mayor parte de la masa del universo, ya existía antes de que exista cualquier otro elemento de este universo, y podemos llegar a la conclusión más allá de esto y decir: que el hidrógeno es el primer elemento que existió en este universo. Esta conclusión implica que el elemento más antiguo del universo es el más simple en su composición atómica (un protón + un electrón). Y esto en realidad de por sí, ya es suficiente para llamar nuestra atención a que el universo comenzó de una forma mucho más simple de lo que es ahora, o sea, el universo en conjunto atravesó el mismo camino de la evolución que atravesó la vida terrestre posteriormente. El principal elemento atómico del cual se formó nuestro mundo fue el hidrógeno, luego el helio y el litio, luego las estrellas gigantes que sirvieron como enormes fábricas de materia con una composición atómica más compleja. Después de que el producto se cocina en la estrella, la estrella explota si es lo suficientemente grande y esparce en el espacio el producto cocinado —que se compone de elementos más pesados y complejos— en forma de bloques, rocas, escombros, polvo y algunos se unen para formar planetas y asteroides. Talvez la nube de escombros y gas arda de nuevo al mismo tiempo si hay temperatura suficiente para la fusión nuclear formando una estrella alrededor de la cual giran estos planetas, como es el caso de nuestro Sol. Así se han formado los planetas y no han cesado.

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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