El principio de incertidumbre en la mecánica cuántica representa una cuestión fundamental para quienes teorizan sobre algo que proviene de la nada, o sobre un universo de la nada, pues el principio de incertidumbre dice: que el vacío no puede estar completamente vacío de fluctuaciones cuánticas; porque si así fuera, habría una posición determinada cuyo valor y velocidad serían cero, y esto representa una violación del principio de incertidumbre de Heisenberg que dice: que no se pueden determinar simultáneamente con precisión la posición y la velocidad, o el valor de campo y la tasa de cambio. La importancia de esta conclusión, de que haya fluctuaciones cuánticas en el vacío —para estas personas— es que afirmar esto, implicaría que: el espacio completamente vacío produciría algo en nuestro universo.

«Tal como vimos en el Capítulo 2, la teoría cuántica implica que los campos no pueden ser exactamente nulos ni siquiera en lo que llamamos vacío. Si lo fueran, tendrían tanto un valor exacto de la posición, en el cero, y una tasa de cambio o velocidad que también valdría exactamente cero. Ello violaría el principio de incertidumbre, que exige que la posición y la velocidad no pueden estar bien definidas simultáneamente. Por ello, debe haber un cierto grado de lo que se denomina fluctuaciones del vacío (tal como el péndulo del Capítulo 2 tenía que tener fluctuaciones del punto cero). Las fluctuaciones del vacío pueden ser interpretadas de diversas maneras que parecen diferentes pero que de hecho son matemáticamente equivalentes. Desde una perspectiva positivista, tenemos la libertad de utilizar la imagen que nos resulte más útil para el problema en cuestión. En este caso, resulta conveniente interpretar las fluctuaciones del vacío como pares de partículas virtuales que aparecen conjuntamente en algún punto del espacio-tiempo, se separan y después vuelven a encontrarse y se aniquilan de nuevo la una con la otra. «Virtual» significa que estas partículas no pueden ser observadas directamente, pero sus efectos indirectos pueden ser medidos, y concuerdan con las predicciones teóricas con un alto grado de precisión».[1]

En realidad, aunque se demuestre experimentalmente que el vacío en nuestro universo produzca algo de la nada, no se puede determinar, dentro de los límites de nuestro universo, una causa real de que el vacío produzca algo de la nada o de los cuantos que aparecen y desaparecen en el vacío. Ha habido varios argumentos contra la mecánica cuántica, contra la probabilidad y contra el principio de indeterminación o incertidumbre, y una de las soluciones ha sido la solución de Hugh, que supone la existencia de múltiples universos y que las posibilidades que no se hacen realidad en nuestro universos se hacen realidad en otro universo.

Por lo tanto, algunos astrónomos y físicos teóricos como Stephen Hawking, Lawrence Krauss y otros entusiastas de la frase: “algo de la nada”, en base a la cual dijeron: que el universo apareció de la nada, sin necesidad de un dios, han construido su edificio sobre una cuestión filosófica de la mecánica cuántica sin resolver y sin que haya alguna evidencia de ésta, que es la supresión de la causalidad, aún sabiendo que hay un rival fuerte que es la hipótesis de la múltiples universos y que la gravedad inexplicable por ejemplo, puede ser un efecto que procede de otro universo, como las fluctuaciones cuánticas en el universo que vivimos, pues no hay reparo en que estas fluctuaciones cuánticas sean una especie de efecto que llegan de otros universos.

Además, estos que quieren demostrar que el universo no necesita de otra cosa externa para nacer, necesitan, para resolver la problemática de la constante cosmológica y la problemática de la probabilidad —de la existencia de nuestro universo—, la hipótesis de los múltiples universos como previamente se ha mencionado. Las hipótesis de los múltiples universos puede entrar en conflicto con el principio de anulación de la causalidad de la mecánica cuántica, ya que será fácil decir: que las fluctuaciones cuánticas del vacío son un rastro de un universo paralelo a nuestro universo, o de una fuerza que atraviesa los múltiples universos. Por esto, la estructura de Stephen Hawking, Lawrence Krauss y otros, con respecto al ateísmo es una estructura científicamente ridícula y contradictoria.


 

[1] Fuente: “Hawking – El universo en una cáscara de nuez”, pag. 126.

 


Extracto del libro “La Ilusión del Ateísmo” de Ahmed Alhasan (a)

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