Dijo el Altísimo: {Y cuando hicimos un pacto con vosotros y elevamos sobre vosotros el monte: «Tomad lo que os hemos dado con fuerza y escuchad». Dijeron: «Hemos escuchado y hemos desobedecido». Y se les hizo beber en sus corazones el becerro por su incredulidad. Di: «Qué malo lo que os ordena vuestra fe si habéis de ser creyentes»}.[1]

Y dijo el Altísimo: {E hizo el pueblo de Moisés, después de él, a partir de sus alhajas, un becerro. Cuerpo tenía, mugido. ¿No ven que no les habla y no les guía a ningún camino? Lo tomaron y fueron injustos * Y cuando cayó en sus manos y vieron que ya se habían extraviado, dijeron: «Ciertamente, si no tiene misericordia de nosotros nuestro Señor y nos perdona, habremos de ser de los perdedores» * Y cuando regresó Moisés a su pueblo, enojado, apenado, dijo: «¡Qué mal como me habéis sucedido! ¿Se os ha dado prisa por la orden de vuestro Señor?» Y arrojó las tablas y tomó por la cabeza a su hermano y lo jaló hacia él. Dijo: «Hijo de madre, el pueblo me ha considerado débil y casi me matan, así que no hagas que se alegren del mal ajeno por mí los enemigos y no me pongas con el pueblo de los injustos» * Dijo: «Señor mío, perdóname y a mi hermano, y haznos entrar en tu misericordia, y tú eres el más misericordioso de los misericordiosos» * Ciertamente, los que tomaron al becerro tendrán la ira de su Señor y la vileza en la vida de este mundo. Y así recompensamos a los que inventan * Y los que obraron iniquidades, luego se arrepintieron después de ello y han tenido fe, ciertamente, tu Señor después de ello, ha de ser Perdonador, Misericordiosísimo}.[2]

Y dijo el Altísimo: {Dijeron: «No hemos faltado a tu promesa por nuestra voluntad, pero a nosotros se nos hizo llevar cargas de alhajas del pueblo y lanzarlas. Así pues, las arrojó el Samirí» * Y produjo para ellos un becerro. Cuerpo tenía, mugido. Dijo: «Éste es vuestro dios y el dios de Moisés». Así pues él se olvidó» * ¿No ven que no les devuelve palabra y no puede perjudicarlos ni beneficiarlos? * Y ya les había dicho Aarón antes: «Oh pueblo mío, se os está poniendo a prueba con ello. Y ciertamente, vuestro Señor, es Misericordioso. Así pues, seguidme y obedeced mi orden» * Dijeron: «No dejaremos de dedicarnos a él hasta que regrese a nosotros Moisés» * Dijo: «Oh Aarón, ¿qué te lo impidió, cuando los vistes extraviándose * que no me seguiste? ¿Has pues, desobedecido mi orden?» * Dijo: «Oh hijo de madre, no me tomes por mi barba ni por mi cabeza. Es que temí que dijeras: “has causado separación entre los hijos de Israel y no has considerado mi palabra”» * Dijo: «¿Y cuál es tu perorata, oh Samirí?» * Dijo: «Observé lo que ellos no observaban. Entonces recogí un puñado de la huella del mensajero y la lancé, y así me sugirió mi alma» * Dijo: «Entonces vete, pues para ti, en la vida, está el que digáis “no tocar”. Y ciertamente, para ti, hay una promesa a la que no has de faltar. Y observa a tu dios con el que has persistido dedicado. Ciertamente, hemos de quemarlo, luego, hemos de pulverizarlo, en el mar estará disuelto» * Ciertamente, vuestra divinidad es Dios, aquél del que no hay divinidad sino Él. Ha abarcado cada cosa en ciencia}.[3]

La sedición del becerro ocurrió durante los cuarenta años de éxodo en el que se perdieron los hijos de Israel en el desierto del Sinaí, como castigo por su rebelión contra las órdenes divinas y como enmienda de la corrupción de sus almas. Dios, Glorificado y Altísimo, prometió a Moisés (a) treinta noches y luego las completó con diez. Dijo el Altísimo: {Y prometimos a Moisés treinta noches y las completamos con diez. Así pues, se completó el término de su Señor}.[4]

El Glorificado y Altísimo no ignoraba que la cita era de cuarenta noches y no mintió a Moisés. El Glorificado y Altísimo está muy por encima de algo así. Sin embargo, convino con él treinta noches y las diez que completaban las cuarenta dependían de otra cosa que aún no había ocurrido, como una súplica, una caridad, alguna acción de Moisés (a) o un descuido del grupo de los hijos de Israel que los discipline con la ausencia de Moisés (a) durante diez noches más. Pues Dios, Glorificado sea, sabía que Moisés se ausentaría cuarenta noches, pero en la tabla de borrado y confirmación estaba que Moisés se ausentaría treinta noches, pues si ocurría algo con Moisés (a) o con los hijos de Israel, esto completaría las cuarenta noches. Dijo el Altísimo: {Borra Dios lo que quiere y confirma, y junto a Él está la madre del libro}.[5]

Esto se parece a la súplica de cualquiera de nosotros para que Dios lo libre de la desgracia o le conceda de su misericordia lo que Él quiera. Pues si los asuntos no cambiaran, la súplica sería inútil y una plática sin sentido. Pero Dios Glorificado decreta las cantidades y extiende sus dos manos llenas a quien Él quiere. Él da en la medida que Él quiere y es el más juicioso de los juiciosos. Este es el cambio en el destino, una verdad evidente en el Recordatorio del Juicioso que han rechazado los ignorantes diciendo que “Dios ha concluido todas las cosas”, como si sus manos estuvieran atadas, igual que las palabras de los judíos.[6]

A pesar de esto, hay eruditos sunnis que demuestran el cambio en el destino como Ibn Al-Yauzia en su libro Al-Yawab Al-Kafi, en el capítulo de “La súplica”. Y aunque no lo confirma con palabras, demostró su significado, ya sea por narraciones del Profeta (s) o sus debates en favor de la súplica.

Durante estas cuarenta noches, el samirí aprovechó la ausencia de Moisés (a) y elaboró un becerro con las alhajas. El samirí arrojó en este becerro un puñado de polvo que tomó de abajo del casco del caballo de Gabriel (a). Así salía un mugido del cuerpo que el becerro tenía, es decir, un sonido como el sonido de un becerro vivo. Moisés (a) dijo: “Oh Señor, el becerro fue hecho por el samirí. ¿El mugido de dónde sale?” Dijo: “De Mí. Porque al verlos dándome la espalda hacia el becerro, quise aumentarles la sedición”.[7]

El samirí les dijo “éste es vuestro dios y el dios de Moisés”. Es decir, ¡que vuestro dios ha hecho lícito este becerro! ¡Y muchos de los hijos de Israel le creyeron después de haberlo ayudado a fabricar el becerro!

Debemos reflexionar sobre este incidente que está en el Corán y estudiarlo, quizás Dios nos acerque a una vida feliz y a una muerte de mártires, como nos prometió el Mensajero de Dios (s) si estudiábamos el Corán.[8]

Entonces queridos, si decidís estudiar este incidente, cuestionaos esto: ¿quién es el samirí? ¿No era uno de los eruditos de los hijos de Israel? ¿Acaso no era un fiel monje? cuando {Dijo: «observé lo que ellos no observaban, entonces recogí un puñado…»}.[9]

Por el contexto del versículo parece que vió a Gabriel (a) o cosas ocultas que otros no veían.

Luego, ¿no era el samirí un luchador?

La respuesta a esto está en la interpretación del versículo: {Así pues, le pidió ayuda el que era de sus seguidores},[10] que es el samirí. Si esto es cierto el samirí era un luchador, que luchaba contra los soldados tiranos y contra el Faraón en Egipto, antes de que Moisés (a) fuera enviado.[11]

Luego, ¿quién es el que olvidó? ¿Moisés (a) olvidó a su dios aquí y fue al monte para que hable la lengua del samirí? La verdad está lejos de esto; porque los hijos de Israel sabían que Moisés se había ido al monte por mandato de Dios. Por lo tanto, el que olvidó es el samirí, es decir, él abandonó la fe verdadera y al adorado de verdad. Así que las palabras son las de Dios, Glorificado sea. Luego, ¿qué le sugirió su alma? La verdad es que este es el origen de toda sedición: los deseos, el yo, el demonio y los adornos del mundo. Su alma marcada por la maldad le sugirió que él era mejor que Aarón (a), se amotinó contra él, no obedeció su orden y se ensoberbeció. Su alma le sugirió que él era un sabio, un siervo, un asceta, talvez un luchador, que algunas cuestiones de lo oculto se le habían revelado y que, por lo tanto, tenía más derecho que Aarón (a) a liderar a los hijos de Israel en ausencia de Moisés (a). Envidió a Aarón y a Moisés (con ambos sea la paz), y la arrogancia se apoderó de él como lo hizo. El deseo y el yo se apoderaron de él todo lo posible. El demonio lo arrojó en el abismo y lo hizo ensoberbecerse contra los grandes profetas (a) como él se había ensoberbecido contra Adán (a). Así pues, el demonio lo provocó con su llamamiento, lo sedujo con su tentación y lo infectó con su enfermedad. Entonces descendió el velo sobre el reflejo del espíritu porque compró el extravío con la guía y ya no pudo ver: {Y los ves mirándote y no ven}.[12]

Olvidó la realidad y al adorado de verdad, que no se ve con la vista ni se percibe con las ilusiones. Regresó al más despreciable de los tipos de politeísmo: la divinización. Así pues, produjo lo que su alma entrañaba: un becerro con cuerpo y mugido, la sedición con la que habría de alegrarse un pueblo cuyas almas lo entrañaban antes de verlo. Se dieron de beber el becerro antes de fabricarlo. Cuánto se habían opuesto a Moisés y a Aarón (con ambos sea la paz) y cuánto habían lastimado a Moisés (a), {Y cuando dijo Moisés a su pueblo: «Oh pueblo mío, ¿por qué me lastimáis ya sabiendo que soy un mensajero de Dios para vosotros?» Y cuando se desviaron desvió Dios sus corazones. Y Dios no guía al pueblo de los adúlteros}.[13]

Muchos de los hijos de Israel se creían mejores que Moisés (a). En cuanto a Aarón (a), él no tenía ninguna importancia para muchos de ellos. En la Torá dice: [Y se rebeló Coré, hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, con Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet, hijos de Rubén, y se alzaron contra Moisés, junto con algunos de los hijos de Israel… Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y el SEÑOR está en medio de ellos. ¿Por qué, entonces, os levantáis por encima de la asamblea del SEÑOR? Cuando Moisés escuchó esto, cayó sobre su rostro; y habló a Coré y a todo su grupo, diciendo: Mañana temprano el SEÑOR mostrará quién es de Él, y quién es santo, y lo acercará a sí].[14]

[Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y toma de ellos una vara por cada una de las casas paternas: doce varas de todos los jefes conforme a sus casas paternas. Y escribirás el nombre de cada uno en su vara, y escribirás el nombre de Aarón en la vara de Leví; porque hay una vara para cada jefe de sus casas paternas. Y las pondrás en la tienda de reunión delante del testimonio donde me encuentro contigo. Y acontecerá que la vara del hombre que yo escoja, retoñará. Así disminuiré de sobre mí las quejas de los hijos de Israel que murmuran contra vosotros. Habló, pues, Moisés a los hijos de Israel, y todos los jefes de ellos le dieron varas, una por cada jefe según sus casas paternas; doce varas, con la vara de Aarón entre sus varas. Y Moisés colocó las varas en la tienda del testimonio delante del SEÑOR. Y aconteció que el día siguiente, Moisés entró en la tienda del testimonio, y he aquí, la vara de Aarón de la casa de Leví había retoñado y echado botones, y había producido flores, y almendras maduras. Moisés entonces sacó todas las varas de la presencia del SEÑOR y las llevó a los hijos de Israel; y ellos las miraron y cada uno tomó su vara. Pero el SEÑOR dijo a Moisés: Vuelve a poner la vara de Aarón delante del testimonio para guardarla por señal a los rebeldes, para que hagas cesar sus murmuraciones contra mí, y no mueran. Así lo hizo Moisés; como el SEÑOR le había ordenado, así lo hizo].[15]

[Partieron del monte de Hor, por el camino del mar Rojo, para rodear la tierra de Edom, y el pueblo se impacientó por causa del viaje. Y el pueblo habló contra Dios y Moisés: ¿Por qué nos habéis sacado de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay comida ni agua, y detestamos este alimento tan miserable].[16]

De esta manera el samirí y el cuerpo de su becerro fueron una válvula de escape para aquellos adúlteros, para que se exteriorice el odio y la envidia que sus almas entrañaban contra Moisés y Aarón (con ambos sea la paz), y especialmente contra Aarón (a); porque calumniar su persona (a) e injuriar su profecía y liderazgo era más fácil; y esto porque Moisés (a) tenía gran posición y prestigio en las almas de muchos de los hijos de Israel porque les había mostrado milagros con sus manos. Así, esos hipócritas que seguían al samirí, menospreciaban a Aarón (a) y al grupo que se unía a él en torno a la verdad. Intentaron matar a Aarón (a), pero él manejó la sedición con la sabiduría de los profetas, luego espero hasta que volviera Moisés (a). Y Dios lo apoyó, manifestó su derecho, juzgó a la creencia corruptora, manifestó su posición dentro de la creencia correcta y la verdad que quería Dios:

{Y observa a tu dios con el que has persistido dedicado. Ciertamente, hemos de quemarlo, luego, hemos de pulverizarlo, en el mar estará disuelto» * Ciertamente, vuestra divinidad es Dios, aquél del que no hay divinidad sino Él. Ha abarcado cada cosa en ciencia}.[17]

[1] «Al-Baqara» (La vaca), 93.

[2] «Al-Aaraf» (Las alturas), 148-153.

[3] «Ta Ha» (Ta Ha), 87-98.

[4] «Al-Aaraf» (Las alturas), 142.

[5] «Ar-Raad» (El trueno), 39.

[6] Los judíos afirman que la mano de Dios Altísimo está atada, que el Altísimo ha concluido la creación y la orden, ¡y que no puede cambiar nada! Y Dios, Glorificado sea, ya ha contestado a estas palabras, pues dijo: {Y han dicho los judíos: «La mano de Dios está atada». Atadas están las manos de ellos y han sido maldecidos por lo que han dicho. Más bien, las manos de Él están extendidas proveyendo como Él quiere. Y ciertamente, habrá de aumentar en muchos de ellos, por lo que descendió a ti de tu Señor, la impiedad y la incredulidad. Y hemos arrojado entre ellos la enemistad hasta el Día de la Resurrección. Cada vez que enciendan un fuego de guerra ha de extinguirlo Dios. Se esfuerzan en la Tierra por corrupción y Dios no ama a los corruptores}, «Al-Maida» (La mesa servida), 64.

La mayoría de los eruditos sunnis y judíos concuerdan en esto: que Dios Altísimo ya ha concluido la orden ¡y que no la puede cambiar! Y lo han dicho en las narraciones, entre ellas, lo narrado por Ahmed en su Musnad: de Ibn Umar, que dijo: Omar dijo: “Oh Mensajero de Dios, ¿opinas que en los actos que realizamos se cumple un asunto que ya ha concluido o son algo nuevo?” Dijo: “Es algo que ya ha concluido. Así pues, actúa, hijo de Al-Jattab, pues ambas cosas se facilitan. Si uno es de la gente de la felicidad, obra para la felicidad, y si es de la gente de la desgracia obra para la desgracia”. Musnad Ahmad, vol. 2, pág. 52, y lo señaló Sahih Al-Bujari, vol. 6, pág. 86, Sahih Muslim, vol. 8, pág. 48, Tafsir Ibn Kazir, vol. 4, pág. 554, y otros.

¡Según ellos estos textos son auténticos cuando dicen que Dios Altísimo está obligado como dijeron sobre las acciones del ser humano! Encontramos que Bujari carga a Dios Altísimo con la responsabilidad del pecado de Adán (a), pues se narró que Abu Huraira dijo: «El Mensajero de Dios (s) dijo: “Adán y Moisés discutieron. Moisés le dijo: ‘¿No eres tú Adán, aquél cuyo pecado lo expulsó del Paraíso?’ Y Adán le dijo: ‘Tú eres Moisés, al que ha elegido Dios para su mensaje y su palabra. ¿Y me culpas por algo que ya estaba decretado para mí antes de que yo fuera creado?’” Entonces el Mensajero de Dios (s) dijo: “Y Adán venció con argumentos dos veces a Moisés.”», Sahih Al-Bujari, vol. 4, pág. 131. Y así negaron el cambio en el destino, ignorando su realidad.

[7] Tafsir Al-Qummi, vol. 2, pág. 62, Bihar Al-Anwar, vol. 13, pág. 210, Qasas Al-Anbiya Al-Yirazi, pág. 268.

[8] De Ismael Bin Abi Ziad, de Yafar Bin Muhammad, de su padre (a), que dijo: “El Profeta (las bendiciones de Dios sean con él y su familia) dijo: «La gente del Corán está en el grado más alto de los adamitas aparte de los profetas y enviados. No menospreciéis a la gente del Corán y sus derechos, pues ellos tienen junto a Dios un lugar.», Zawab Al-Aamal As-Suduq, pág. 99-100.

[9] «Ta Ha» (Ta Ha), 96.

[10] «Al-Qisas» (El relato), 15.

[11] En Tafsir Al-Qumi: «… El samirí estaba delante de Moisés el día que Dios ahogó al faraón y a sus compañeros. Así que vio a Gabriel que estaba sobre un animal con forma de yegua. Cada vez que ponía su casco en un sitio de la Tierra hacía temblar ese lugar. El samirí lo observó y era uno de los mejores compañeros de Moisés…», Tafsir Al-Qumi, vol. 2, págs. 61-63.

Esto prueba que el samirí era un líder a la vanguardia de los compañeros de Moisés (a) y nada menos que uno de los mejores compañeros de Moisés (a).

[12] «Al-Aaraf» (Las alturas), 198.

[13] «As-Saff» (Las filas), 5.

[14] Sagrada Biblia, Antiguo Testamento, Números 16, 1-5.

[15] Sagrada Biblia, Antiguo Testamento, Números 17, 16-28.

[16] Sagrada Biblia, Antiguo Testamento, Números 21, 4-5.

[17] «Ta Ha» (Ta Ha), 97-98.

 


Extracto del libro El becerro de Ahmed Alhasan (a)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s