Dijo el Altísimo: {Y recítales la noticia de aquél al que le dimos nuestras señales. Pues se despojó de ellas, pues siguió al demonio, pues fue de los descarriados * Y, si hubiésemos querido, le habríamos elevado mediante aquellas, pero él se inclinó hacia la tierra y siguió sus deseos. Así que su ejemplo es como el ejemplo del perro, si lo atacas, jadea o si lo dejas, jadea. Este es el ejemplo del pueblo que desmiente nuestras señales. Así pues, relátales la historia. Quizás reflexionen}.[1]

Balam Bin Baura era un erudito y asceta que vio algunas cosas de lo oculto. Uno de los reyes déspotas infieles le pidió que suplicara contra Moisés (a). Él suplicó sabiendo que Moisés era un gran profeta porque lo envidiaba y sabiendo que este rey déspota era en realidad un infiel a Dios, a su mensaje y a su religión, aunque manifestara su testimonio de que no hay divinidad sino Dios; porque su beligerancia contra los patronos de Dios y la religión de Dios era una evidencia de su incredulidad. Pero Balam Bin Baura y sus semejantes ponían sospechas como excusas de sus caídas y quizás también lo explícito como si fuera ambiguo o la verdad como si fuera ambigua; para violar lo que Dios Glorificado sea, hizo sagrado.

En la Torá dice que Balam Bin Baura no suplicó contra Moisés. Aparentemente es una distorsión de los judíos, ya que en una narración del Imam Ar-Reda (a) dice: “Ciertamente a Balam Bin Baura se le concedió el nombre mayor, con el cual suplicaba y se le respondía; así pues, se inclinó hacia el Faraón —este no era el Faraón de Egipto, que Dios lo maldiga. Entonces, cuando el Faraón salió en busca de Moisés (a) y sus compañeros le dijo a Balam: “suplica a Dios contra Moisés y sus compañeros para que lo encarcelemos”. Montó en su burra para salir en busca de Moisés (a) y su burra se negaba a avanzar. Entonces le pegó y Dios, Poderoso y Glorioso, la hizo hablar, y dijo: “Ay de ti por haberme pegado. ¿Acaso quieres que vaya contigo para que supliques contra Moisés, el profeta de Dios, y contra el pueblo de los creyentes?” No cesó de pegarle hasta matarla y el nombre mayor se retiró de su lengua…”.[2]

Por lo tanto, este sabio que había sido informado de algunas cosas ocultas tenía certeza. Sin embargo, su certeza no lo benefició en nada; porque se inclinó hacia un gobernante injusto, y deseó superioridad y ascenso. No fue sincero con Dios, pues su alma abrigaba arrogancia, amor por el yo y envidia por los patronos elegidos de Dios.

Cuando se sometió a este examen divino se despojó de las señales de Dios y renunció a ellas. Mostró su interior negro y se mostró su verdad (un perro que jadea tras el mundo). Sin embargo, llevaba las vestiduras de un siervo sabio que trabajaba para Dios. De esta manera el demonio lo descarrió y lo llevó a la ruina. Se convirtió en un fiel seguidor de él, después de elegir sus huellas y seguirlo, pues el demonio conoce la ciencia con certeza, y aún con esto, se ensoberbece contra Adán (a) y se rebela contra Dios. Asimismo, este maldito con su ciencia y certeza, envidió a Moisés (a) y suplicó contra él en lugar de ponerse bajo su bandera y ser su seguidor. ¡De esta manera, la ciencia de Balam Bin Baura fue un motivo para ensoberbecerse y envidiar a Moisés (a)! Balam Bin Baura hizo de la ciencia un resentimiento que lo hizo caer en el precipicio, aunque era una misericordia con la que llegan a Dios los que obran.

Fue narrado que el Profeta (s) dijo: “Todos los eruditos están condenados a perderse excepto los que obran, y todos los que obran están condenados a perderse excepto los sinceros, y los sinceros están en peligro”.[3]

Lamentablemente, muchos se hacen llamar eruditos sin saber interpretar dos suras del Sagrado Corán, según lo narrado por la familia de Muhammad (a). Sólo leen lo fácil de las narraciones de los infalibles (a), limitándose a algunas narraciones de jurisprudencia en su mayoría. Entonces, ¿por qué se hacen llamar eruditos? ¿Por aplicar lo que Aristóteles estableció hace mil años? Tal vez encuentren entre los ateos a quien sepa más de eso que nosotros. ¿O es por la polémica, los argumentos lógicos y otras discusiones que no dan ningún beneficio científico o práctico, y que no pasan de ser una entrega a la molicie científica o una pérdida de tiempo?[4]

¿No narramos del Mensajero de Dios (s) lo que esto significa: “Ciertamente, el hombre es responsable de cómo gastó su tiempo”?[5] ¿No dice Dios, Glorificado sea: {Y si queremos arrasar una población ordenamos a los corruptos que hay en ella y ellos transgreden allí. Así pues, se cumple contra ella lo dicho y la destruimos. Queda destruida}.[6]

Que esto sea una advertencia para los que se sientan horas en las mezquitas a discutir, a debatir y a llenar las mezquitas con palabras muy alejadas de la verdad y de la guía que Dios quiere.

Ya nos hemos alejado mucho del camino, y por eso Goliat y sus semejantes nos han dominado. El Mensajero de Dios (s) dijo: “Llegará un tiempo a mi nación en el que no quedará del Corán sino su escritura, ni del islam sino su nombre. Serán llamados por esto y serán los hombres más lejos de esto. Sus mezquitas estarán pobladas, y vacías de la guía. Los juristas de ese tiempo serán los peores juristas bajo la sombra del cielo. De ellos sale la sedición y a ellos volverá”.[7]

El hadiz indica que, aunque las mezquitas estén llenas de gente, no están en la guía de la familia de Muhammad (a). ¿Acaso nos consideramos trabajadores mientras no ordenamos lo reconocido ni prohibimos lo detestable? ¡Incluso la gente ve lo detestable como reconocido y lo reconocido como detestable! El deber de los sabios es reformar la nación. Dijo el Altísimo: {Y para que adviertan a su pueblo}.[8] No a uno o dos individuos. Muy lamentablemente, muchos de ellos dicen “la gente no quiere religión”, pero no consideran que la gente ha caído entre el mazo y el yunque. Los tiranos impiden que la religión islámica original llegue a ellos y vosotros no os tomáis la molestia de comunicarles la religión con la excusa de disimular. As-Sadiq (a) dijo sobre esto: “En cuanto a si sois llamados a apoyarnos, el disimulo será más amado para vosotros que vuestros padres y madres”.[9]

Tal vez el ignorante pueda excusarse en muchos casos, pero vosotros, sabios del islam, ¿cuál es vuestra excusa?

El Comandante de los Creyentes (a) dijo sobre esto: “El Mensajero de Dios era como un médico ambulante con sus remedios”.[10]

Entonces, ¡¿sois de los que trabajan con la tradición de vuestro profeta (s)?! Los hombres están dormidos. Cuando morís despertáis.[11]


[1] «Al-Aaraf» (Las alturas), 175-176.

[2] Tafsir Al-Qumi, vol. 1, pág. 248, Qasas Al-Anbiya Al-Yizairi, pág. 352.

[3] Mizan Al-Hikma, vol. 1, pág. 756. Kashf Al-Jufaa Al-Ayluni, vol. 2, pág. 312, Yamia As-Saadat lil-Naraqi, vol. 1, pág. 220.

[4] Las escuelas científicas shias han elaborado hoy un método para la acreditación de sus estudios religiosos basado en el estudio de la lógica aristotélica, la filosofía griega, los orígenes de la jurisprudencia y la ciencia de los varones que heredaron de los sunnis. Estas ciencias y otras ciencias intelectuales parecidas se han convertido en los instrumentos a través de los cuales el estudiante de estas escuelas llega a conocer las creencias religiosas divinas y los estatutos secundarios prácticos. Estas ciencias han llegado a prevalecer sobre las palabras de Muhammad y la familia de Muhammad (s) que se han empezado a interpretar conforme a estos métodos elaborados por los ateos. Esto los ha llevado a caer en muchas contradicciones con las palabras de Muhammad (s) y su familia (a). Han rechazado muchas narraciones y renunciado a ellas como resultado de su fe en este método innovador. Además, muchos principios de estas ciencias se estudian sólo por entregarse a la molicie científica. Por lo tanto, no hay ninguna ganancia práctica que resulte de ellas y ellos admiten este hecho. Sin embargo, se acostumbraron a este método y lo consideran sagrado e imposible de menoscabar, ¡pues según ellos, es el equilibrio del conocimiento! El hecho es que alejan a los estudiantes de la Gente de la Casa (a), pues hacen perder a los estudiantes la mejor parte de su juventud en ciencias ateas abandonando la riqueza científica y espiritual que menciona el Sagrado Corán, el Mensajero y su familia (a). Así que en las escuelas científicas no se estudia el Corán ni las narraciones de Muhammad y su familia (a), por eso muchos de los miembros de la escuela sólo aprenden de memoria lo fácil de los versículos del Corán y de las narraciones de Muhammad y su familia (a). Quien desee investigar este hecho puede hacerlo familiarizándose con lo que se estudia en las escuelas científicas.

[5] El Sheij As-Saduq en Al-Jisal Wal Ilal: que el Profeta (s) dijo al interpretar las palabras del Altísimo: «{Y paradles. Ciertamente, ha de preguntárseles}. “El siervo no debe dar un paso hasta preguntarse cuatro cosas: qué experimenta en su juventud, en qué gasta su tiempo, de dónde junta su dinero y en qué lo gasta, y el amor por nosotros, la Gente de la Casa”», Al-Jisal, pág. 253, Ilal Ash-Sharai, vol. 1, pág. 218.

[6] «Al-Isra» (El viaje nocturno), 16.

[7] Al-Kafi, vol. 2, pág. 308, Zawab Al-Aamal, pág. 253, Bihar Al-Anwar, vol. 2, pág. 109.

[8] «At-Tauba» (El arrepentimiento), 122.

[9] El Sheij At-Tusi en At-Tahdib narró: del Imam As-Sadiq (a), que dijo: “La Tierra no quedará sin que en ella haya un sabio de nosotros que reconozca la verdad de lo falso”. Dijo: “El disimulo se ha puesto para impedir sangre. Así que si el disimulo llega a sangre entonces no es disimulo. Por Dios, si sois llamados a apoyarnos diréis “no lo haremos, disimularemos”. Sin embargo, el disimulo será más amado para vosotros que vuestros padres y madres. Si el Qaim (a) se levanta no necesitará pedirles eso.”, Tahdib Al-Ahkam, vol. 6, pág. 173, Wasail Ash-Shia, vol. 16, pág. 235, Yawahir Al-Kalam, vol. 21, pág. 392.

[10] El Comandante de los Creyentes, en uno de sus sermones, al describir al Mensajero (s) dijo: «Un médico ambulante con su medicina, sus ungüentos preparados y sus instrumentos calentados. Los colocaba donde fuera necesario, en corazones ciegos, oídos sordos y lenguas mudas. Hacía un seguimiento con sus medicinas en los sitios descuidados y en los puntos de perplejidad», Nahyul Balaga, con comentarios de Muhammad Abduh, vol. 1, pág. 207.

[11] Fue narrado del Mensajero de Dios (s). Véase: Faid Al-Gadir Lil Munawi, vol. 5, pág. 72. Asimismo, fue narrado de Alí, el Comandante de los Creyentes (s) como está en el Bihar Al-Anwar, vol. 4, pág. 43.


 

Extracto del libro El becerro de Ahmed Alhasan (a)

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