Dijo el Altísimo: {¿No has visto a los notables de los hijos de Israel después de Moisés, cuando dijeron a un profeta de ellos: «Envíanos un rey para que combatamos en el camino de Dios»? Dijo: «Puede que si se os prescriba el combate no combatáis». Dijeron: «¿Y qué tenemos que no habríamos de combatir en el camino de Dios? Y ya nos han expulsado de nuestras moradas y de nuestros hijos». Así pues, cuando se les prescribió el combate dieron la espalda, excepto unos pocos de ellos. Y Dios sabe de los injustos * Y les dijo su profeta: «Ciertamente, Dios ya ha mandado para vosotros a Saúl como rey». Dijeron: ¿Es que es para él el reino sobre nosotros? Y nosotros tenemos más derecho al reino que él. Y él no ha recibido abundancia de bienes». Dijo: «Ciertamente Dios, lo ha elegido sobre vosotros y le ha aumentado la capacidad en la ciencia y el cuerpo. Y Dios entrega su reino a quien quiere. Y Dios es vasto, sabio» * Y les dijo su profeta: «Ciertamente, la señal de su reino es que vendrá a vosotros el arca con sosiego de parte de vuestro Señor, un remanente de lo que dejó la familia de Moisés y la familia de Aarón transportada por los ángeles. Ciertamente en ello hay una señal para vosotros, si sois creyentes * Entonces cuando partió Saúl con los soldados dijo: «Ciertamente Dios ha de probaros con un río. Así pues, quien beba de él no será de los míos y quien no se alimente de él será de los míos, excepto quien saque un sorbo con su mano». Así pues, bebieron de él excepto unos pocos de ellos. Entonces cuando lo cruzó él y los que habían creído con él, ellos dijeron: «No tenemos energía hoy contra Goliat y sus soldados». Dijeron los que pensaban encontrarse con Dios: «Cuántos grupos de pocos vencieron a grupos de muchos con el permiso de Dios. Y Dios está con los pacientes» * Y cuando salieron al campo de Goliat y sus soldados, dijeron: «Señor nuestro, vierte sobre nosotros paciencia y afirma nuestros pasos y apóyanos contra el pueblo de los infieles» * Y los derrotaron, con el permiso de Dios. Y mató David a Goliat y le entregó Dios el reino y la sabiduría, y le enseñó de lo que Él quiso. Y si no hubiera defendido Dios a los hombres, a algunos de ellos con otros, se habría corrompido la Tierra. Pero Dios está dotado de favor para los mundos * Estos son los versículos de Dios, los recitamos para ti con la verdad. Y ciertamente, tú eres de los enviados}.[1]

Poco tiempo después de Moisés (a), el infiel de Goliat y sus soldados dominaban a los hijos de Israel, los trataban con aires de superioridad y los expulsaban de sus hogares. La única causa de esta dominación tirana sobre los hijos de Israel fue la debilidad de la fe y la devoción, por haber dejado de ordenar lo reconocido y prohibir lo detestable, por inclinarse hacia la vida de este mundo, por abandonar la lucha y haberse rebelado contra los profetas y los mandamientos divinos. Muchos factores llevaron a los hijos de Israel a volver a una situación parecida a la que se encontraban antes del envío de Moisés (a), una situación de sometimiento y entrega a los tiranos, cuya cura había sido la perdición en el desierto del Sinaí. Entonces Dios, Glorificado sea, quiso que Goliat y sus soldados dominaran a los hijos de Israel. Quizás algunos de ellos volvieran a la rectitud y se arrepintieran ante su Señor, y hubiera una situación de reforma en algún grupo de los hijos de Israel, como ocurrió en el desierto del Sinaí durante los cuarenta años de perdición, cuando surgió una generación en aquél desierto que llevó las palabras de “no hay divinidad sino Dios” a la gente de la Tierra. De hecho, esta vez, surgió entre los hijos de Israel una generación buena, una nación señorial y luchadora que son los trecientos trece varones que cruzaron el río con Saúl. Esa fue la prueba con la que Dios los examinó para ver cuán comprometidos estaban con las órdenes divinas y la obediencia a su profeta, Saúl, el líder designado por Dios. Asimismo, surgió entre los hijos de Israel un grupo cuya fe era menor que la de aquella élite, y fueron los que sacaron un sorbo del río. Es necesario reconocer que la prueba del río era necesaria para seleccionar a los creyentes, para destacar a los cercanos y a los más sinceros de ellos, que luego fue grande, porque los soldados de los hijos de Israel tenían una sed terrible cuando llegaron al río. Los que bebieron agua no querían perecer de sed como afirmaban. La vida para ellos era más importante que obedecer a Dios. En cambio, los que no bebieron agua veían que perecer de sed en obediencia a Dios era mejor que sobrevivir desobedeciendo a Dios. Es más, tenían certeza de que Dios, Glorificado sea, que les prohibió beber de ese río, les daría a cambio algo mejor y que el Glorificado no los dejaría perecer de sed. Así vemos que aquellos trescientos trece varones triunfaron sobre Goliat y sus soldados cuando cruzaron el río.

En cuanto a los que bebieron del río, fueron derrotados, sintieron flaqueza y debilidad cuando desobedecieron a Dios y obedecieron al deseo y al demonio. Pues lo que ellos dijeron: {«No tenemos energía hoy contra Goliat y sus soldados»} no fue sino una conclusión obvia y visible de la derrota que entrañaban sus almas.

Los dos grupos se encontraron, el partido de Dios liderado por Saúl y el partido del demonio liderado por Goliat. El ejército de Goliat era superior en equipamiento y número. Con Saúl sólo había unos pocos creyentes que no habían bebido del río y los que habían sacado un sorbo, y estaban con él los hipócritas que habían bebido del río. Antes de que comenzara la batalla la élite divina y nación señorial se refugió en Dios. Le pidió paciencia, firmeza y apoyo, y Dios los ayudó con su victoria: {Y no tirabas tú cuando tirabas, pero Dios tiraba}.[2] Uno de aquellos creyentes sinceros de Dios mató a Goliat, el grupo fue derrotado y se dio a la retirada. El demonio retrocedió sobre sus tobillos y dijo: {yo veo lo que no veis}.[3] Y este siervo bueno que mató a Goliat no fue sino David (a), al que Dios, Glorificado sea, eligió y después de aquello lo hizo un gran profeta y un rey justo después de haber sido un creyente sincero de Dios, un luchador y un caudillo que sólo temía a Dios {Y habíamos otorgado a David, de parte nuestra, un favor. «Oh montañas, repetid para mí con él, y los pájaros». Y ablandamos para él el hierro * Haz cotas de malla y mide bien en el tejido. Y obra correctamente. Ciertamente, Yo, de lo que hacéis, soy un observador}.[4]


[1] «Al-Baqara» (La vaca), 246-252.

[2] «Al-Anfal» (Los botines), 17.

[3] «Al-Anfal» (Los botines), 48.

[4] «Saba» (Saba), 10-11.

 


Extracto del libro El becerro de Ahmed Alhasan (a)

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