Es una de las obligaciones más importantes con la que la sociedad islámica se levanta en conjunto. Pues el estudiante de teología o de medicina, el granjero, el ingeniero y cada individuo de la sociedad islámica es responsable de ordenar lo reconocido y desaconsejar lo reprobable. El Mensajero de Dios (a) ya ha advertido a esta nación: que de abandonar esto Dios daría autoridad sobre ella a los inicuos, y luego, cuando ellos supliquen, no les responderá.[1] ¡¿Y acaso hay tiranos más inicuos que los que dominan hoy la nación?! Así que volved a ordenar lo reconocido y a desaconsejar lo reprobable. No aceptéis por sobre Dios la censura de ningún crítico. Y que las voces se alcen en el rostro de cada desobediente. Quizás Dios tenga misericordia de nosotros y aleje de nosotros este prueba. Dijo el Altísimo:

{Y para que haya de vosotros una nación que invite al bien, y ordene lo reconocido, y desaconseje lo reprobable. Y ellos son los que siembran}.[2]

104Fue narrado por ellos (a) que al ordenar lo reconocido se establecen los preceptos, se aseguran las doctrinas, se legitiman las ganancias, se prohíben las injusticias, se puebla la Tierra y los oprimidos recuperan lo que les pertenece de los opresores. Los hombres no dejarán de estar bien mientras ordenen lo reconocido, desaconsejen lo reprobable y se ayuden en la bondad. Y si no hacen esto, las bendiciones se alejarán, y unos dominarán a otros y no tendrán defensor, ni en la Tierra ni en el cielo.[3]

Y el Profeta (s) dijo: «¿Cómo sería para vosotros si se corrompieran vuestras mujeres, fueran inmorales vuestros jóvenes, no ordenaran lo reconocido y no desaconsejaran lo reprobable?» Entonces le dijeron: «¿Y ha de ser así, Mensajero de Dios?». Él (a) dijo: «Sí». Y dijo: «¿Cómo sería para vosotros si ordenarais lo reprobable y desaconsejarais lo reconocido?». Entonces le dijeron: «Oh, Mensajero de Dios, ¿ha de ser así?». Y él (s) dijo: «Sí. Y la iniquidad proviene de ello. ¿Cómo sería para vosotros si vierais lo reconocido como reprobable y lo reprobable como reconocido?».[4]


[1] At-Tabrani narró: De Abu Huraira, que dijo: «El Mensajero de Dios (s) dijo: “Ordenad lo reconocido y desaconsejad lo reprobable. O Dios dará autoridad sobre vosotros a los inicuos. Luego, cuando los mejores de vosotros supliquen, Él no les responderá”». Al-Muyam Al-Ausat, vol. 2, pág. 99.

[2] Sagrado Corán – Sura Aal Imrán (La familia de Imrán), 104.

[3] El Sheij At-Tusi narró en el Tahdib del Profeta (s), que él dijo: «Los hombres no dejarán de estar bien mientras ordenen lo reconocido, desaconsejen lo reprobable y se ayuden en la bondad y la devoción. Pues si no hacen eso, las bendiciones se alejarán de ellos, unos dominarán sobre otros y no tendrán defensor, ni en la Tierra ni en el cielo». Tahdib Al-Ahkam, vol. 6, pág. 181.

Al-Kulaini narró de Abu Yafar (a), que dijo: «En el Fin de los Tiempos habrá gente precedida por un pueblo que aparentará ser devoto y piadoso. Son necios que no se obligan a ordenar lo reconocido ni a desaconsejar lo reprobable, a menos que estén a salvo de cualquier daño. Exigen concesiones y disculpas para sí mismos. Continúan con los deslices de los eruditos y la corrupción de sus acciones. Aceptan rezar, ayunar y lo que sea mientras esto no los dañe ni a ellos ni a sus bienes. Si el azalá perjudicara lo demás que hacen con su dinero o sus cuerpos, lo rechazarían como rechazaron las obligaciones más altas y al más noble de ellos. Si no se ordena lo reconocido ni se desaconseja lo reprobable, lo cual es una enorme obligación con la que se establecen las demás, la ira de Dios, Glorioso y Majestuoso, se consumará sobre ellos cegándolos con su castigo, destruyendo a los piadosos en la morada de los injustos y a los pequeños en la morada de los mayores. Ordenar lo reconocido y desaconsejar lo reprobable es el camino de los profetas y el método de los virtuosos. Es una enorme obligación con la que se establecen las demás obligaciones, se aseguran las doctrinas, se legitiman las ganancias, se responde a las injusticias, se puebla la Tierra, se recupera de los enemigos lo que es de uno y se endereza el orden. Así que negadla en vuestros corazones, pronunciadla con vuestras lenguas, golpeadlos en la frente con ella y no temáis por sobre Dios a la censura de ningún crítico. Si se dejan amonestar y regresan a la verdad no habrá causa contra ellos {Sólo hay causa contra los que oprimen a los hombres y agravian en la Tierra sin ningún derecho. A esos, para ellos hay un tormento doloroso}. Así que luchad contra ellos con vuestro cuerpo, odiadlos con vuestro corazón sin buscar poder, sin codiciar bienes, sin procurar ni una uña de injusticia hasta que retornen al mandato de Dios y procedan a obedecerlo». Dijo: «Y Dios, Glorioso y Majestuoso, inspiró al profeta Shuaib (a): “Estoy atormentando a cien mil de tu pueblo. Cuarenta mil de sus inicuos y sesenta mil de sus justos”. Entonces él (a) dijo: “Oh Señor, unos son inicuos, pero ¿por qué a los justos?” Y Dios, Glorioso y Majestuoso, le inspiró: “Engañaban con halagos a los impíos y no odiaron por mi odio”». Al-Kafi, vol. 5, pág. 55.

[4] Al-Kafi, vol. 5, pág. 59, Tahdib Al-Ahkam, vol. 6, pág. 177, Wasail Ash-Shia (familia de la casa), vol. 16, pág. 122.


Extracto del libro El yermo o el camino a Dios de Ahmed Alhasan (a)

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