{Oh, hijito mío, establece el azalá, y ordena lo reconocido, y desaconseja lo reprobable, y sé paciente con lo que te toca. Ciertamente esto es determinación en los asuntos * Y no tuerzas tu mejilla a los hombres, y no camines en la tierra petulante. Ciertamente, Dios no ama a ningún presuntuoso, orgulloso * Y ten procura en tu caminar, y merma tu voz. Ciertamente, la más detestable de las voces es la voz de los asnos}.[1]

De Abu Abdulá (a): que el Mensajero de Dios (s) dijo: «Dios no tiene necesidad de quien no le da una parte de sus bienes y de su cuerpo».[2]

Del Mensajero de Dios (s), que cuando le preguntaron quién de los hombres tiene la prueba más dura en este mundo, dijo: «Los profetas, luego los más parecidos a ellos y luego los más parecidos a estos. El creyente es probado en la medida de su fe y la bondad de sus obras. Así que, para quien sea de fe sana y de obras buenas, su prueba será más intensa, y para quien sea escaso de fe y de obras débiles, su prueba será pequeña».[3]

El Comandante de los Creyentes (a) dijo: «Si una montaña me amara se desmoronaría».[4]

Y dijo (a): «Quien nos ame a nosotros, la Gente de la Casa, que se prepare para la prueba del sudario».[5]

Así que el creyente es probado y debe tener paciencia como un arma fuerte para enfrentar las desgracias y las aflicciones.

el-sermon-del-monteLa paciencia por la causa de Dios es de los mayores actos de adoración y tiene muchas manifestaciones: entre ellas, la paciencia en el acto de adoración, la paciencia para apartarse de la desobediencia y la paciencia en la desgracia. Quizás una de las mayores comprobaciones de la paciencia sea soportar la pena y la desgracia que sufre el ser humano creyente que es puro en la obediencia a Dios; ya que él enfrenta con ella la falsedad de los falsos dioses, los engreídos e ignorantes. Así que sed pacientes, creyentes, con los perjuicios que enfrentéis de los falsos dioses y de sus engreídos y tontos siervos. Adheríos fuertemente a vuestra religión, sed pacientes con la privación en sustento y no os presentéis en el abrevadero mortal, pues esta vida, a la hora de morir, el ser humano sólo la ve como una hora en la que apenas consigue reconocer a la gente.

Sabed que este mundo apartado de Muhammad Bin Abdulá (s) no tiene bien. Así que trabajad en corregir vuestra religión para que este mundo vuestro y vuestra próxima vida se corrijan. Del Mensajero de Dios (s): «Llegará a los hombres un tiempo inseguro para la religión de quien la tenga, excepto para quien viaje de la cima de una montaña a otra, o de una roca a otra como el lobo con sus cachorros». Dijeron: «¿Y cuándo será ese tiempo, Mensajero de Dios?». Dijo: «Cuando el sustento no se obtenga sino por desobedecer a Dios. En ese tiempo será lícito el celibato». Dijeron: «Oh, Mensajero de Dios, ¡tú nos has ordenado el matrimonio!». Dijo: «Por supuesto, pero cuando sea ese tiempo, la destrucción del hombre estará en manos de sus padres, y si no tiene padres, en manos de su pareja e hijos. Y si no tiene pareja ni hijo, en manos de sus parientes y vecinos». Dijeron: «¿Cómo es eso, Mensajero de Dios?». Dijo: «Lo injuriarán por la escasez del sustento y le impondrán lo que no será capaz de soportar hasta llevarlo a los abrevaderos de la destrucción».[6]

Oh queridos, soportad las penas y aceptad lo poco que hay de lo lícito. Disminuid la inclinación hacia este mundo y no embelequéis a los falsos dioses y a sus ayudantes, pues el alivio de la familia de Muhammad y el vuestro están cerca si Dios quiere. Ciertamente, con la dificultad viene la facilidad. Ciertamente, con la dificultad viene la facilidad. Del Mensajero de Dios (s), que dijo: «No seáis de quienes han sido engañados por la vida de este mundo y seducidos por el deseo, pues el engaño los ha fascinado y los ha hecho confiar en la morada del mal, rápida en desaparecer y de inminente mudanza. De este, vuestro mundo, aparte de lo que ya ha pasado, solo queda la montura de un jinete o la bolsa de un ordeñador. Entonces, ¿hacia qué os inclináis y qué esperáis? Pues, por Dios, es como si aquello en lo que os habéis convertido a causa de este mundo nunca hubiera ocurrido, y aquello a lo que habéis llegado por la otra vida nunca terminara. Haced preparativos que no desaparezcan en su traslado y preparad provisiones para la inminencia del viaje. Sabed que todo hombre tendrá lo que haya adelantado para el futuro y de lo que se haya atrasado se arrepentirá».[7]

Si hace casi mil cuatrocientos años, aparte de lo que ya había pasado, no quedaba nada más de este mundo que la montura de un jinete, sabed que hoy, lo que queda de este mundo no es algo como para mencionar o poner de ejemplo. Pues talvez el Imam Al-Mahdi (a) aparezca este año o el año siguiente, ¡¿y acaso vamos a seguir despreocupados dedicándonos a la búsqueda de este mundo sin prestar atención a lo que se quiere de nosotros?! «Los hombres están dormidos. Cuando mueren despiertan».[8]

Le preguntaron a Abu Darr, que Dios se complazca de él: «¿Por qué detestamos la muerte?». Y el contestó: «Porque habéis construido este mundo vuestro y habéis arruinado vuestra otra vida, y el hombre detesta mudarse de unos poblados a unas ruinas».[9]

Dios nos ha creado para la adoración. Nuestro tiempo debe ser para la adoración, y lo que sobra de él para buscar sustento y trabajo. Y no al revés.

El Mensajero de Dios (s) dijo: «Oh hombres, el sustento está dividido. Ningún hombre ha de quedar exceptuado de su parte, así que guardad moderación en la búsqueda. Y la vida está limitada. Ninguno sobrepasará lo que se le ha destinado…».[10]

Él (s) dijo, cuando se despedía de alguien: «Oh hombres, ocuparos de lo que se os ha impuesto de corregir vuestra otra vida y apartaros de lo que ha sido garantizado para vosotros en este mundo vuestro…».[11]

Alí (a) dijo: «No se os pasará lo que ha sido dispuesto para vosotros, así que guardad moderación en la búsqueda. No obtendréis lo que se os ha vedado, así que guardad moderación en lo adquirido».[12]

Él (a) dijo: «Se cumplirá tu plazo, así que sé moderado al pedir. Se cumplirá lo que ha sido destinado para ti, así que sé humilde en lo adquirido».[13]

Y él (a) dijo: «Me asombra quien sabe que Dios ya ha garantizado las provisiones y las ha destinado, que su afán no aumentará lo que ya se le ha destinado de ellas y que aun así se empeña tenazmente en procurar el sustento».[14]

Sabed que estos hadices no se contradicen con la búsqueda del sustento o el afán por seguir el ritmo a este mundo. Pero se oponen a la búsqueda que te hace abandonar la adoración, distraerte de ella, retrasar el tiempo del azalá o destruir tu cuerpo en la búsqueda porque tu cuerpo tiene derecho sobre ti. Sabed que el que agota su cuerpo no tendrá fuerzas para la adoración. Así que debemos hacernos de tiempo para la adoración obligatoria y recomendable, y prepararnos para ella. Especialmente para el azalá de la noche (leil). No lo abandonéis bajo ninguna circunstancia.

El Imam Hasan (a) dijo: «Oh tú, no te esfuerces en esta búsqueda como en una lucha por la superación. No confíes en una valoración con la confianza del que se entrega, ya que procurar el favor es de tradición (sunna) y la moderación en la búsqueda es de continencia. La continencia no se opone al sustento ni las ansias consiguen el favor, pues la provisión ya está dividida, el plazo es limitado y tener ansias provoca pecados».[15]


[1] Sagrado Corán – sura Luqmán (Luqmán), 17-19.

[2] Al-Kafi, vol. 2, pág. 256, Bihar al-Anwar, vol. 64, pág. 215.

[3] Al-Kafi, vol. 2, pág. 252, Wasail ash-Shia (familia de la casa), vol. 3, pág. 261.

[4] Nahyul Balaga con comentarios de Muhammad Abdu, vol. 4, pág. 26, Bihar al-Anwar, vol. 34, pág. 284.

[5] Nahyul Balaga con comentarios de Muhammad Abdu, vol. 4, pág. 26.

[6] Mustadrak al-Wasail, vol. 11, pág. 388, Sharh Ibn Abul Hadid, vol. 10, pág. 37.

[7] Bihar al-Anwar, vol. 74, pág. 183, Nahyus Saada, vol. 7, pág. 61.

[8] Jasais al-Aimma, pág. 112, el hadiz es del Imam Alí (a).

[9] Un hombre dijo a Abu Darr, que Dios tenga misericordia de él: «¿Qué tenemos que detestamos la muerte?». Y él dijo: «Es porque habéis construido este mundo y habéis arruinado la otra vida. Y detestáis mudaros de una construcción a unas ruinas». Al-Itiqadat fi Din al-Imamía, pág. 57.

[10] Mustadrak al-Wasail, vol. 13, pág. 69, Bihar al-Anwar, vol. 74, pág. 179.

[11] Bihar al-Anwar, vol. 74, pág. 182, Nahyus Saada, vol. 7, pág. 329.

[12] Mustadrak al-Wasail, vol. 13, pág. 33, Nahyus Saada, vol. 7, pág. 330.

[13] Mustadrak al-Wasail, vol. 13, pág. 32, Nahyus Saada, vol. 7, pág. 330.

[14] Mustadrak al-Wasail, vol. 13, pág. 33, Nahyus Saada, vol. 7, pág. 330.

[15] Al-Hakayat lil-Mufid, pág. 95.


Extracto del libro El yermo o el camino a Dios del Sayed Ahmed Alhasan (a)

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